Por Qué Crees Que Sentimos Asco En Algunos Alimentos

Muchas veces nos aleja de aquello que nos puede dañar o hacer enfermar y la conducta que aparece cuando sentimos asco es alejarnos. «La psicología del asco trata de ver qué provoca que algo nos pueda ser asqueroso, repulsivo o aversivo», afirma Mar Argüello. Junto con el temor, su emoción hermana, lleva a que se produzca un alejamiento inmediato de lo asqueroso con reacciones fisiológicas intensas como la naúsea o el vómito. Aun de esta manera, muchas veces tiene una función, en tanto que, como la ansiedad, puede asistirnos a subsistir. A pesar de ser una emoción que nos ayuda a evitar peligros para el organismo, sí es verdad que dependiendo de la cultura, hay alimentos que pese a no ser tóxicos, nos tienen la posibilidad de generar más o menos repugnancia. El mal aspecto y olor de varios alimentos nos señalan que es mejor tirarlos que comerlos, puesto que tienen la posibilidad de poner en peligro nuestra salir.

Por ejemplo, mi hijo comenzó a comer mucho más verduras merced a los salteados, los woks y los platos de pasta en los que integraba la verdura muy picada y le encantó en un tiempo reducido. En el libro ‘Yo soy yo y mis parásitos’ , la periodista Kathleen McAuliffe dedica un capítulo a la que llama la emoción olvidada. Más allá de los ejemplos tradicionales como la sangre o los parásitos que ocasionan repulsión pues tienen la posibilidad de transmitir nosologías, hay otros casos, como la citada tripofobia o el acné que no tienen una explicación tan visible. “La contestación posible es que las espinillas llevan a pensar en las pústulas asociadas a enfermedades como la viruela, el sarampión o la varicela”, apunta la periodista en su libro.

Asco Ideológico

La gente que se han criado cerca del mar comen mucho más fácilmente pescados o mariscos que las que vivieron lejos de la costa. En México, los pequeños se acostumbran próximamente a su cocina especiada comiendo dulces con dosis de picante. Se desarrolla a partir de los tres años cuando los padres ya pudieron educar a sus hijos algunas normas básicas sobre substancias tóxicas (o sea, han pronunciado cientos y cientos de ocasiones la consabida oración “eso no, caca”). “Sólo el hambre y la estupidez congénitas tienen la posibilidad de argumentar que a estos humanos les guste comer con semejante fruición algo tan repugnante como las pupusas”, llega a decir.

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Dicho de otra forma, cuando te ponen delante un plato que no disfrutas y por el que sientes repulsión no es pues piensas en la proporción de gérmenes que logre tener, sino que una parte de una sensación caracteristica de incomodidad muy visceral. Según los desenlaces de las investigaciones llevadas a cabo por Paul Rozin, psicólogo que se dedica al estudio de esta emoción,“el asco elaborado es una reacción de rechazo a acontecimientos que nos hacen recordar nuestra naturaleza animal”. La carne podrida es casi universalmente repulsiva y el elemento común de estas cosas es que tienen un riesgo patógeno». Gracias a la evolución, evitamos cualquier cosa que nos asquea para defendernos de las enfermedades. Con todo, para la mayor parte de los adultos, lo que asquea a los humanos difiere según la cultura y el entorno . «No se trata tanto de que se ensucien como de permitir que interaccionen con el planeta que los rodea», enseña Jack Gilbert, instructor de pediatría en la Facultad de California en San Diego.

El Asco, Una Emoción Olvidada

Antes de enfrentarte a eso que te ofrece asco puedes efectuar alguna técnica de respiración con la meta de tranquilizarte. En consecuencia, podría decirse que es una emoción que está orientada a la supervivencia, es una emoción básica y que al tiempo es universal, en la medida en que es una emoción que experimentan todas y cada una de las especies en mayor o menor medida. Los dietistas-nutricionistas Lucía Martínez y Aitor Sánchez comentan en su libro ¿Qué le doy de comer? Y con lo de obligar no solo mencionan a “vocear y realizar tragar” sino que también incluyen la sobreexposición (“si no es para comer, va a ser para cenar”), las oportunidad únicas (“solo hay esto”) o el chantaje.

El asco es una emoción básica y adaptativa, pues nos asiste a garantizar nuestra supervivencia. Sin duda, experimentar asco nos asiste a mantener nuestro organismo alejado de la toxicidad, pero esta emoción va alén de lo puramente alimenticio y se traslada al ámbitoideológico. Muchas personas expresan el asco que sienten hacia otra cultura, raza, religión, países… Y sucede que bajo estas ideas, es decir, en el trasfondo de esta emoción, asimismo se oculta el pensamiento de toxicidad. Y para varias personas el asco puede ir bastante lejos y también eludir que hagan las cosas repugnantes que nos sostienen sanos, como consumir alimentos fermentados rebosantes en probióticos.

Quienes se han criado en el campo y han convivido con el ganado están familiarizados a sus fragancias y sabores desde pequeños y su paladar se fué educando a comer estos alimentos. Muchas personas en sociedades occidentales gozan consumiendo gambas, pero pueden negarse comer otros artrópodos como los grillos, un alimento básico en otras unas partes del mundo. Sencillamente no estamos acostumbrados a ellos, pero cada vez más gente fomenta los grillos como una fuente de proteínas mucho más responsable con el medioambiente. «En el momento de sostenernos sanos, el asco se asocia a menos infecciones, así que es una emoción útil en contextos de patologías», afirma Joshua Ackerman, instructor adjunto de psicología en la Universidad de Míchigan.

Ponen cara de asco, arrugan su naricilla, elevan el labio superior y sacan la lengua ante sabores salados o ácidos que no son venenosos y, no obstante, pueden manifestarse en su boca sustancias innombrables y de veras repulsivas. Forma la respuesta sensible de prevención ante los venenos que podrían ser letales. Su misión es eludir que tengamos la posibilidad entrar en contacto o consumir una sustancia dañina que hace aparición ante nosotros como repugnante, asquerosa, tóxica. Alimento asociado con un momento de la vida en que se sintió seguro, acompañado y amado así como si este pudiera ofrecer la seguridad que le falta, llenar un vacío, proveer aprecio, contención y consuelo. Tal y como si este alimento pudiera tener efectos mágicos, tener un poder especial como creíamos en la niñez tenían nuestros seres más estimados. La respiración es el primer vínculo que disponemos con la vida, el alimento el segundo.

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En consecuencia, podría decirse que el no comer legumbres sería algo negativo para esa persona y que podría derivar en una carencia de nutrientes. Quienes se han criado en el campo y han convivido con el ganado están familiarizados a sus olores y sabores desde pequeños y su paladar se fué educando a comer estos alimentos. El asco ética consiste en negar a quienes efectúan acciones “repulsivas” y rechazables desde la perspectiva de las reglas de la ética establecidas.

En las sombras neblinosas de los Andes, múltiples de los voluntarios shuar vivieron en cabañas habituales con suelos de tierra, mientras que otros vivieron en viviendas con pisos de hormigón y tejados de metal. Múltiples participaron en ocupaciones de subsistencia —como la caza, la pesca, la horticultura y la recolección— que los acercaban a probables patógenos, como nematodos y tricocéfalos, que abundan en suelos contaminados con excrementos. La Cabeza es Extraordinaria Gaceta sobre psicología, filosofía y reflexiones sobre la vida.

Por El Hecho De Que Piensas Que Sentimos Asco En Algunos Alimentos

Este sentimiento, en su versión efectiva, induce a eludir violar las reglas sociales o culturales, tener formas de proceder apropiadas y de esta manera no tener que sufrir sus consecuencias. Desde que somos pequeños el asco está que se encuentra en nuestras vidas, con independencia de su intensidad. La niñez es básicamente un campo de entrenamiento para el sistema inmunitario o, por lo menos, lo es hasta alguna edad. Una investigación de 2014 revela que, para la mayoría de los pequeños, la sensibilidad al asco empieza cerca de los cinco años. Esa es justo la edad a la que los pequeños son más propensos a exponerse a formas de vida microbianas mucho más peligrosas, como el virus respiratorio sincicial y la Giardia, un parásito microscópico que causa diarrea.

Por tal razón, es esencial saber qué se oculta tras esta emoción, en tanto que en ocasiones se oculta algo mucho más que lo puramente tóxico, como nuestra forma de percibir el planeta. De esta clase de asco se deriva, por ejemplo, el racismo y la hostilidad a los extranjeros. Al estimar otras etnias y a otra gente como tóxicas, tendemos a rechazarlas y a evitarlas. Como aspecto más negativo el asco interpersonal tiene como consecuencia formas de proceder racistas o tratos discriminatorios hacia otras personas. “Alén de que a la gente le agrada decir que “la confianza termina dando asco”, cuando se trata de investigar la psicología de esta sensación, en realidad habría de ser precisamente lo opuesto”, aduce la doctora. “Cuanto mucho más cerca estoy emocionalmente de un individuo, menos predispuesto soy a ver la repugnancia de sus actos o acciones diarias”.

El asco es una emoción básica y adaptativa, ya que nos asiste a asegurar nuestra supervivencia. Finalmente, el asco es una emoción desagradable, pero puede utilizarse para potenciar hábitos saludables, como no fumar más, tomar o comer en exceso. Es el ingrediente primordial de la psicoterapia fundamentada en producir respuestas aversivas (es decir, provocar una reacción vigorosa de asco frente al tabaco, el azúcar o el alcohol que produzca deseos de evitarlos). Alén de este aspecto positivo es preferible no agobiar ni apretar en exceso con los alimentos que desagradan y educar el paladar propio y de los pequeños probando poco a poco sabores hasta lograr la consabida alimentación saludable. En el momento en que se produce la emoción de asco se generan en nosotros una secuencia de cambios físicos y psicológicos. Es esencial distinguir el asco de la fobia, la primordial diferencia es que la segunda interferirá relevantemente en la vida de las personas y el primero no tanto.